jueves, 13 de septiembre de 2012

Saga del Cazador II

Hotel Roosvelt, centro de Monterrey

Esa noche, después de haberme despedido de Beltran estuve caminando por el barrio en cuestión, era una cálida noche de verano de esas tan propias de Monterrey, apenas habría unos 35 grados centígrados, calor seco, lo que me obligaba a pasear ligero únicamente cargaba yo la Colt calibre 45, el cuchillo como siempre en mi bota derecha y claro una GLOCK 9 mm con  17 balas de plata solo por si hiciera falta. Después de las 12:40 vagabundeaba yo por una calle cuando en el quicio de una puerta pude percatarme del casi imperceptible brillo frio de los ojos vampíricos, que son capaces de percibir toda la luz que se produzca en la oscuridad y tienen un ligero halo verdoso, esos ojos contemplaban con hambre la vida a su alrededor con una extraña combinación de lujuria y desesperación; con paso seguro vi salir al murciélago en cuestión,  permanecí  de cerca de él caminando entre los muchos transeúntes que pasan de un bar a otro, divirtiéndose, bebiendo, tratando de conseguir algo de sexo con la compañía que tuvieren al lado; entre todos ellos lo seguí hasta un lugar llamado la Salamandra, ahí se metió y yo con él. 
En el lugar tenían música electrónica, traía yo un sombrero de  media Texana, y botas de pitón, así que la raza me miraba de reojo y con algo de desaprobación, trate de mantener el bajo perfil y me acerque a la barra, pedí una cerveza “Indio”  y me quede quieto en una esquina desde donde podía observar todo el movimiento, pasaron un par de minutos y de momento había yo perdido de vista al bicho. Salí de mi esquina azorado pensando que se me había escapado con alguna posible víctima, al voltear buscándole sentí un sudor frio cuando volví a verle; ahí estaba el culero, tristemente mi descuido hecho a perder mis planes, el vampiro se dio color de que lo seguían, se abalanzó sobre mí, me lleve la mano al cuello y alcance a sacarme una cruz de Santiago hecha de plata que traía colgada sobre el pecho y pude  posársela en la cara; la cruz le marco momentáneamente el rostro demacrado por medio de una quemadura de plata, el muy bastardo inundo el lugar con un chillido de dolor que se escuchó por encima de la música, trepo por la pared como una lagartija, algunas personas que se encontraban todavía sobrias en el lugar comenzaron a gritar; otros pasados de ácido solo se reían.
Saque mi Colt 45 y tratando de apuntarle, la gente dentro del lugar comenzó a salir corriendo una vez que vio mi arma, mientras lo hacían pasaban estorbando mi vision para disparar de forma certera. Estaba yo entretenido en eso cuando sentí una enorme mano en mi hombro,  era un elemento de seguridad que trato de desarmarme, me volteo bruscamente, le pise con el tacón de la bota su pie que estaba cubierto con un tenis, y con la cacha de la pistola le rompí la nariz, en este lapso el vampiro salió trepando  por el techo del lugar, claro que no corrí tras el por los tejados,  ¿han tratado alguna vez de alcanzar un gato?,  bueno es más o menos lo mismo, así que todo se trata de adelantarse a él; los vampiros son muy rápidos, hay que acecharlos hasta que finalmente es posible darles caza acorralándoles, cuando ya están ansiosos y su sed de sangre les nubla el entendimiento, es cuando se descuidan así que hay que caerles a vergazos, es así como se deben de cazar, preferentemente de día si fuera posible quemando sus nidos agarrándolos dormidos, de noche sobrado decirlo son más peligrosos.
Camine sordeadamente hacia el impala, guarde el arma en mi cintura, quedaba cubierta por mi camisa y me calme, encendí  un cigarro, y baje la velocidad,  Llegue caminando tranquilo al auto, lo había dejado a unas 7 cuadras del Barrio, bajando por la calle de Diego de Montemayor, pasando el museo de Historia Mexicana, llegando al Quintanamovil, sentí un escalofrió que me recorrió el cuello la espalda y me llego hasta la punta de las nalgas; la brisa caliente de la noche trajo a mí el aroma putrefacto de la muerte rancia, pensé en voltear, sacar el arma, el cuchillo o algo y no quedarme como verga parada en la oscuridad cuando sentí las manos frías y fuertes del vampiro que me tomo por el cuello y me aplico una llave con su antebrazo mientras arrojaba su aliento nauseabundo por encima de mi oreja.
-         perro hijo de la verga, lávate el hocico cabron, le dije al maldito que me había inmovilizado por unos segundos, haciendo una flexión con mi cintura puede levantarlo y arrojarlo por encima de mi hacia en medio de la calle.
-         Maldito cazador -respondió seseante mientras se incorporaba- sabíamos que vendrías, que ese estúpido policía te traería a nosotros, y ahora estas aquí... vas a morir....
-         No antes que tú, pendejo.
Entonces, el maldito brinco encima de mí. Justo en ese momento tuve tiempo de sacar el cuchillo Bowie de 40 cm de hoja que se fue a clavar en medio de su pecho; el cuchillo tiene un recubrimiento de plata de Taxco pa´ que amarre, eso no los mata a no ser que les atraviese el corazón que no fue este caso, pero les duele y mucho.
Mientras el maldito intentaba sacarse el cuchillo sin éxito, debido a que en las cachas de todas mis armas están  incrustadas cruces de plata; lo cual hace que si algún ser de naturaleza oscura o bien que tenga pacto con Satanás, de cualquier especie ( licántropos, nahuales, brujas, vampiros, etc.),  al tocar la plata y las cruces estas les producen una quemadura de plata, que es algo similar a una quemadura de ácido; así que el maldito se retorcía no sabía si dejárselo clavado u sacarlo con todo el dolor de sus manos.
El perro quedo de rodillas intentado sacar el cuchillo.
-         ¡quítamelo maldito!- gritaba, yo me pare como pude, el suelo empedrado me molestaba en los pies debido a las botas, saque mi Colt 45, le saque todas las balas menos una, la sangre que manaba de su herida al contacto con la plata del cuchillo humeaba tal como si fuera ácido, le apunte a la cabeza y jale el gatillo -¡Clic!- se escuchó la primera vez.
-         muy bien, me vas a decir quien es líder de tu cofradía y que es lo que pretende, porque sabes, estos juegos no me gustan- saque una cruz de madera de huizache al tiempo que seguía apuntándole, se la acerque a la cara, su piel empezó a hervir y un aroma hediondo lleno el ambiente – ¡habla perro!- el maldito lloraba como una nena, le retire la cruz y dispare de nuevo - ¡click!- sonó la segunda vez el percutor de la pistola al no encontrar bala en el barrilete
-         ¡Ya está bien! , ¡sabemos quién eres y se acerca un ajuste de cuentas contigo.
-          Es difícil, le conteste mientras guardaba la cruz y sacaba el agua bendita para darle una rociada- a los vampiros que me topo los mando al infierno – respondí mientras volvía a  amartillar la pistola.
-         Si, bueno, cazador, es algo que tenemos en común, vamos a arder juntos en el infierno- la sangre empezaba a manarle por la boca, no  se podía prolongar mucho esta charla sin que yo lo terminara y él lo sabía- eres un asesino como nosotros, tu mataste a tu familia, ¿tú crees que  tu Dios va a perdonártelo?, ¡él también nos hizo a nosotros y contémplame! gimió el maldito- muchas imágenes comenzaron a saltarme a la mente, otros días, otra vida cuando yo también caminaba a la luz de sol y no quería saber nada esto, una rabia fría invadió mi mente. Estar enojado todo el tiempo es una forma de sobrevivir en este mundo, pero la rabia es algo más profundo es como una abismo que no tiene final y por más fuerte que grites tu no logras escucharte, me voltee la cabeza un segundo para reagrupar mis pensamientos que se me habían ido por un momento.
Se escuchaban voces de personas venir por la calle, a lo lejos,
carros pasar a unas cuantas calles, la vida seguía; revise el barrilete del revólver, amartille el percutor,  la bala que en el había, y el vampiro tenían una cita en el infierno.
-         Cierto, -le dije- , pero en este cuento tú te vas primero -le apunte al corazón y dispare.
Se escuchaba gente, saque el machete de la cajuela del carro, le corte la cabeza, para asegurarme que estuviera bien muerto, le clave una estaca, estaba demás por que la bala era bendita y en la punta del casquillo estaba incrustadas astillas de huisache así que el perro no se levantaría; lo metí en una bolsa negra de esas pa´ la basura, la ventaja es que una vez que están muertos sus cuerpos son como las piezas de un pollo rostizado bien cocido; se desmiembran a tirones, sin mucha dificultad, a lo contrario de un cadáver normal.
Una vez doblado y guardado el colmilludo amigo, con todo y cabeza, lo metí en la cajuela, encendí el auto, puse una cinta de Lynyrd Skynyrd  y conduje por las calles del centro de Monterrey. No encontré ninguna Licorería abierta, lo cual me frustra, algún político imbécil decidió que había que dejar de vender alcohol a las 2 de la mañana, como si eso fuera a evitar que los alcohólicos, y los hijos de papi pudieran adquirir el dulce veneno del licor, pendejos si hasta en la tele salen sus burradas pero bueno; “el que es buey hasta la yunta lame” como dicen en mi rancho.
Conduje hacia el norte, buscaba yo una salida hacia la carretera a Laredo,  salí a la avenida Central, la que va a dar a la penitenciaria del Topo Chico, y justo por ahí encontré un deposito abierto, “El Aguaje” decía su letrero, pare unos minutos, compre las suficiente provisiones para este viaje corto, una botella de Jack Daniel´s, unos fritos y unos Marlboro rojos, seguí mi camino, por fin salí a carretera, conduje hasta pasar Mina, casi a una hora de la ciudad,  rumbo al paraje de la Hacienda del Muerto, que es una vieja hacienda de finales del siglo XVII  abandonada en medio del desierto. Me interne en un camino vecinal, a un par de kilómetros de la carretera que hace entronque con la carretera a Monclova, ahí apague el motor, abrí la botella y le di un trago, el calor del whiskey me reconforto, eructe sonoramente, el ruido hizo eco en el desierto,  abrí los fritos  y cogí un puñado, me los empecé a comer mientras bajaba del carro, le di la vuelta y saque al murciélago muerto, lo puse por un lado mientras buscaba una pala que suelo cargar en la cajuela, halle la pala, tome la bolsa que contenía a la sanguijuela gigante y camine un par de metros mire al oriente, había un montecillo lejano, pero no lo suficientemente alto para estorbar la operación, faltaba como hora y media para que saliera el sol.
Hacienda del Muerto, Mina, Nuevo Leon
Escarbe un poco en el suelo árido para depositar los restos del amigo colmilludo, lo deje listo como barbacoa en pozo, ahora solo era cuestión de esperar a que saliera el sol e hiciera el resto del trabajo, al salir el sol los restos físicos de  la sanguijuela se quemarían al contacto de sus rayos, como el pergamino viejo y se haría una bonita hoguera, lo deje listo mirando hacia el horizonte. Regrese al impala, me acomode lo mejor que pude en el asiento de atrás, lo cual no es mucho, entre la panza y  la estatura no es nada cómodo el asiento del impala, pero ya empezaba a sentir el frío del desierto así que es mejor acurrucarse en el Quintanamovil, me puse encima la chaqueta de mezclilla que cargo en el coche, seguí bebiendo  y comiendo fritos mientras el alcohol nublaba mis recuerdos.

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