| Hotel Roosvelt, centro de Monterrey |
Esa noche, después de haberme
despedido de Beltran estuve caminando por el barrio en cuestión, era una cálida
noche de verano de esas tan propias de Monterrey, apenas habría unos 35 grados
centígrados, calor seco, lo que me obligaba a pasear ligero únicamente cargaba
yo la Colt calibre 45, el cuchillo como siempre en mi bota derecha y claro una
GLOCK 9 mm con 17 balas de plata solo
por si hiciera falta. Después de las 12:40 vagabundeaba yo por una calle cuando
en el quicio de una puerta pude percatarme del casi imperceptible brillo frio
de los ojos vampíricos, que son capaces de percibir toda la luz que se produzca
en la oscuridad y tienen un ligero halo verdoso, esos ojos contemplaban con
hambre la vida a su alrededor con una extraña combinación de lujuria y desesperación; con paso seguro vi salir al murciélago en cuestión, permanecí de cerca de él caminando entre los muchos
transeúntes que pasan de un bar a otro, divirtiéndose, bebiendo, tratando de
conseguir algo de sexo con la compañía que tuvieren al lado; entre todos ellos
lo seguí hasta un lugar llamado la Salamandra, ahí se metió y yo con él.
En el lugar tenían música electrónica,
traía yo un sombrero de media Texana, y
botas de pitón, así que la raza me miraba de reojo y con algo de desaprobación,
trate de mantener el bajo perfil y me acerque a la barra, pedí una cerveza “Indio” y me quede quieto en una esquina desde donde
podía observar todo el movimiento, pasaron un par de minutos y de momento había
yo perdido de vista al bicho. Salí de mi esquina azorado pensando que se me
había escapado con alguna posible víctima, al voltear buscándole sentí un sudor
frio cuando volví a verle; ahí estaba el culero, tristemente mi descuido hecho
a perder mis planes, el vampiro se dio color de que lo seguían, se abalanzó
sobre mí, me lleve la mano al cuello y alcance a sacarme una cruz de Santiago
hecha de plata que traía colgada sobre el pecho y pude posársela en la cara; la cruz le marco momentáneamente
el rostro demacrado por medio de una quemadura de plata, el muy bastardo inundo
el lugar con un chillido de dolor que se escuchó por encima de la música, trepo
por la pared como una lagartija, algunas personas que se encontraban todavía
sobrias en el lugar comenzaron a gritar; otros pasados de ácido solo se reían.
Saque mi Colt 45 y tratando
de apuntarle, la gente dentro del lugar comenzó a salir corriendo una vez que
vio mi arma, mientras lo hacían pasaban estorbando mi vision para disparar de
forma certera. Estaba yo entretenido en eso cuando sentí una enorme mano en mi
hombro, era un elemento de seguridad que
trato de desarmarme, me volteo bruscamente, le pise con el tacón de la bota su pie
que estaba cubierto con un tenis, y con la cacha de la pistola le rompí la nariz, en este lapso el vampiro salió trepando por el techo del lugar, claro que no corrí
tras el por los tejados, ¿han tratado
alguna vez de alcanzar un gato?, bueno
es más o menos lo mismo, así que todo se trata de adelantarse a él; los vampiros
son muy rápidos, hay que acecharlos hasta que finalmente es posible darles caza acorralándoles, cuando ya están ansiosos y su sed de sangre les nubla el entendimiento, es cuando se descuidan así que hay que caerles a vergazos, es así como se deben de cazar, preferentemente de día si
fuera posible quemando sus nidos agarrándolos dormidos, de noche sobrado
decirlo son más peligrosos.
Camine sordeadamente hacia
el impala, guarde el arma en mi cintura, quedaba cubierta por mi camisa y me
calme, encendí un cigarro, y baje la
velocidad, Llegue caminando tranquilo al
auto, lo había dejado a unas 7 cuadras del Barrio, bajando por la calle de
Diego de Montemayor, pasando el museo de Historia Mexicana, llegando al
Quintanamovil, sentí un escalofrió que me recorrió el cuello la espalda y me
llego hasta la punta de las nalgas; la brisa caliente de la noche trajo a mí el
aroma putrefacto de la muerte rancia, pensé en voltear, sacar el arma, el
cuchillo o algo y no quedarme como verga parada en la oscuridad cuando sentí
las manos frías y fuertes del vampiro que me tomo por el cuello y me aplico una
llave con su antebrazo mientras arrojaba su aliento nauseabundo por encima de
mi oreja.
-
perro hijo de la verga, lávate el hocico cabron, le
dije al maldito que me había inmovilizado por unos segundos, haciendo una flexión
con mi cintura puede levantarlo y arrojarlo por encima de mi hacia en medio de
la calle.
-
Maldito cazador -respondió seseante mientras se
incorporaba- sabíamos que vendrías, que ese estúpido policía te traería a
nosotros, y ahora estas aquí... vas a morir....
-
No antes que tú, pendejo.
Entonces, el maldito brinco encima de mí. Justo en ese momento tuve tiempo
de sacar el cuchillo Bowie de 40 cm de hoja que se fue a clavar en medio de su
pecho; el cuchillo tiene un recubrimiento de plata de Taxco pa´ que amarre, eso
no los mata a no ser que les atraviese el corazón que no fue este caso, pero
les duele y mucho.
Mientras el maldito intentaba sacarse el cuchillo sin éxito, debido a
que en las cachas de todas mis armas están
incrustadas cruces de plata; lo cual hace que si algún ser de naturaleza
oscura o bien que tenga pacto con Satanás, de cualquier especie ( licántropos,
nahuales, brujas, vampiros, etc.), al
tocar la plata y las cruces estas les producen una quemadura de plata, que es
algo similar a una quemadura de ácido; así que el maldito se retorcía no sabía
si dejárselo clavado u sacarlo con todo el dolor de sus manos.
El perro quedo de rodillas intentado sacar el cuchillo.
-
¡quítamelo maldito!- gritaba, yo me pare como pude,
el suelo empedrado me molestaba en los pies debido a las botas, saque mi Colt
45, le saque todas las balas menos una, la sangre que manaba de su herida al
contacto con la plata del cuchillo humeaba tal como si fuera ácido, le apunte a
la cabeza y jale el gatillo -¡Clic!- se escuchó la primera vez.
-
muy bien, me vas a decir quien es líder de tu
cofradía y que es lo que pretende, porque sabes, estos juegos no me gustan-
saque una cruz de madera de huizache al tiempo que seguía apuntándole, se la
acerque a la cara, su piel empezó a hervir y un aroma hediondo lleno el
ambiente – ¡habla perro!- el maldito lloraba como una nena, le retire la cruz y
dispare de nuevo - ¡click!- sonó la segunda vez el percutor de la pistola al no
encontrar bala en el barrilete
-
¡Ya está bien! , ¡sabemos quién eres y se acerca un
ajuste de cuentas contigo.
-
Es difícil,
le conteste mientras guardaba la cruz y sacaba el agua bendita para darle una
rociada- a los vampiros que me topo los mando al infierno – respondí mientras
volvía a amartillar la pistola.
-
Si, bueno, cazador, es algo que tenemos en común,
vamos a arder juntos en el infierno- la sangre empezaba a manarle por la boca,
no se podía prolongar mucho esta charla
sin que yo lo terminara y él lo sabía- eres un asesino como nosotros, tu
mataste a tu familia, ¿tú crees que tu
Dios va a perdonártelo?, ¡él también nos hizo a nosotros y contémplame! gimió el
maldito- muchas imágenes comenzaron a saltarme a la mente, otros días, otra
vida cuando yo también caminaba a la luz de sol y no quería saber nada esto,
una rabia fría invadió mi mente. Estar enojado todo el tiempo es una forma de
sobrevivir en este mundo, pero la rabia es algo más profundo es como una abismo
que no tiene final y por más fuerte que grites tu no logras escucharte, me
voltee la cabeza un segundo para reagrupar mis pensamientos que se me habían
ido por un momento.
Se escuchaban voces de
personas venir por la calle, a lo lejos,
carros pasar a unas cuantas
calles, la vida seguía; revise el barrilete del revólver, amartille el
percutor, la bala que en el había, y el
vampiro tenían una cita en el infierno.
-
Cierto, -le dije- , pero en este cuento tú te vas
primero -le apunte al corazón y dispare.
Se escuchaba gente, saque el
machete de la cajuela del carro, le corte la cabeza, para asegurarme que
estuviera bien muerto, le clave una estaca, estaba demás por que la bala era
bendita y en la punta del casquillo estaba incrustadas astillas de huisache así
que el perro no se levantaría; lo metí en una bolsa negra de esas pa´ la
basura, la ventaja es que una vez que están muertos sus cuerpos son como las
piezas de un pollo rostizado bien cocido; se desmiembran a tirones, sin mucha
dificultad, a lo contrario de un cadáver normal.
Una vez doblado y guardado
el colmilludo amigo, con todo y cabeza, lo metí en la cajuela, encendí el auto,
puse una cinta de Lynyrd Skynyrd y
conduje por las calles del centro de Monterrey. No encontré ninguna Licorería
abierta, lo cual me frustra, algún político imbécil decidió que había que dejar
de vender alcohol a las 2 de la mañana, como si eso fuera a evitar que los
alcohólicos, y los hijos de papi pudieran adquirir el dulce veneno del licor,
pendejos si hasta en la tele salen sus burradas pero bueno; “el que es buey
hasta la yunta lame” como dicen en mi rancho.
Conduje hacia el norte,
buscaba yo una salida hacia la carretera a Laredo, salí a la avenida Central, la que va a dar a
la penitenciaria del Topo Chico, y justo por ahí encontré un deposito abierto,
“El Aguaje” decía su letrero, pare unos minutos, compre las suficiente
provisiones para este viaje corto, una botella de Jack Daniel´s, unos fritos y
unos Marlboro rojos, seguí mi camino, por fin salí a carretera, conduje hasta
pasar Mina, casi a una hora de la ciudad,
rumbo al paraje de la Hacienda del Muerto, que es una vieja hacienda de
finales del siglo XVII abandonada en
medio del desierto. Me interne en un camino vecinal, a un par de kilómetros de
la carretera que hace entronque con la carretera a Monclova, ahí apague el
motor, abrí la botella y le di un trago, el calor del whiskey me reconforto,
eructe sonoramente, el ruido hizo eco en el desierto, abrí los fritos y cogí un puñado, me los empecé a comer
mientras bajaba del carro, le di la vuelta y saque al murciélago muerto, lo
puse por un lado mientras buscaba una pala que suelo cargar en la cajuela,
halle la pala, tome la bolsa que contenía a la sanguijuela gigante y camine un
par de metros mire al oriente, había un montecillo lejano, pero no lo
suficientemente alto para estorbar la operación, faltaba como hora y media para
que saliera el sol.
| Hacienda del Muerto, Mina, Nuevo Leon |
Escarbe un poco en el suelo árido
para depositar los restos del amigo colmilludo, lo deje listo como barbacoa en
pozo, ahora solo era cuestión de esperar a que saliera el sol e hiciera el
resto del trabajo, al salir el sol los restos físicos de la sanguijuela se quemarían al contacto de
sus rayos, como el pergamino viejo y se haría una bonita hoguera, lo deje listo
mirando hacia el horizonte. Regrese al impala, me acomode lo mejor que pude en
el asiento de atrás, lo cual no es mucho, entre la panza y la estatura no es nada cómodo el asiento del
impala, pero ya empezaba a sentir el frío del desierto así que es mejor
acurrucarse en el Quintanamovil, me puse encima la chaqueta de mezclilla que
cargo en el coche, seguí bebiendo y comiendo
fritos mientras el alcohol nublaba mis recuerdos.